DESDE 1997 CONSERVANDO, PROMOVIENDO Y CUIDANDO UN PATRIMONIO ÚNICO EN CHILE
La Fundación PALMA fue constituida en 1997 por iniciativa privada con el objeto de promover el conocimiento y la protección de la Palma Chilena (jubaea chilensis), especie única en el mundo y originaria de nuestro país.
Con este objeto, más de mil hectáreas de terreno privado han sido donadas a la fundación para servir de hábitat de conservación y reproducción de esta especie.
Desde su constitución, esta Fundación ha logrado reproducir en sus viveros más de dos millones de ejemplares, cifra que se compara con la población total de 120 mil ejemplares existentes* al momento del inicio de sus labores.
La Palma Chilena requiere un ecosistema adecuado para lograr su reproducción natural, lo que también hemos probado con éxito en los terrenos de la Fundación. También lo hemos comprobado en múltiples lugares de Chile donde hemos Donado y Plantado ejemplares.
Nuestra convicción es que, con un adecuado manejo y conocimiento, se puede lograr un equilibrio entre las actividades del humanas y el desarrollo de la Palma Chilena en su propio hábitat.
Invitamos a conocer y disfrutar esta magnífica especie vegetal que nos distingue como país y aportar con trabajo y estudios al desarrollo de nuestra fundación.
*Según el “Libro Rojo” de Conaf de 1995
Mauricio Moreno, fundador e impulsor de nuestra fundación, explica en este video el exitoso proceso de regeneración de suelos y producción en viveros que han permitido una notable recuperación de las palmas chilenas en terrenos de la Fundación.
Fomentar y revalorizar en el colectivo cultural del país todas las características de la Palma Chilena y el Bosque Nativo asociado a ella.
This is back side content.
Promover, en el ámbito público y privado, actividades focalizadas en la recuperación de las poblaciones de Palma Chilena y de Bosque Nativo asociado.
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Contribuir al desarrollo de una política nacional de conservación de Palma Chilena y el Bosque Nativo asociado.
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Se trata de una especie endémica de nuestro país, es decir, que sólo habitan en un lugar determinado y constituyen, por lo tanto, un aporte a la biodiversidad. En Chile, su hábitat natural se extiende desde Ovalle (Río Limarí) por el norte hasta las proximidades de Curicó (Río Mataquito) por el sur.
A la llegada de los españoles en el siglo XVI, la palma chilena era llamada por los habitantes precolombinos como Kan Kan o Lilla y estaba ampliamente difundida en toda la zona central, conformando grandes bosques en los que crecían miles de ellas entre Coquimbo y Colchagua.
Esta hermosa especie, que inspiró a cronistas, pintores y a viajeros como Charles Darwin por su especial belleza y abundancia, hoy sólo la podemos ver en escasos reductos, confinada
en quebradas y valles de las regiones de Valparaíso y O’Higgins, principalmente en zonas como Ocoa y Cocalán.
Su hermosa figura está presente en los escudos de armas de las ciudades de Concón, en la Región de Valparaíso, y en Las Cabras, en la región del Libertador General Bernardo O´Higgins.
En forma cultivada, se la encuentra en diversas plazas, calles y parques entre Copiapó y el lago Llanquihue.
La Palma Chilena es una especie íntimamente asociada al bosque esclerófilo (formado por espino, quillay, maitén, tevo, colliguay, guayacán, algarrobo, peumo, boldo, litre, molle, patagua y belloto del norte entre otras) y que además se desarrolla en suelos de buen drenaje.
Las palmas no son árboles y sus troncos no son de madera. Son hierbas gigantescas, con troncos compuestos de fibras. Se trata de un tipo de pasto gigante, único en el mundo, muy sensible
a la depredación y que por su especial naturaleza se debe preservar.
Pueden alcanzar alturas superiores a 30 metros y sus diámetros fluctúan entre 0.8 y 2 metros, por lo que sobresalen nítidamente por sobre la vegetación natural existente en su medio. Pueden vivir más de 1.000 años (según estudios científicos), la que la convierte en la más longeva del mundo. Su crecimiento es muy lento, ya que demoran entre 60 y 100 años en llegar al estado adulto en el que pueden generar semillas.
Esta especie se encuentra oficialmente en peligro de extinción debido a su explotación y disminución de su replantación.
Ya desde los inicios de la colonia en Chile, sus productos han sido utilizados en forma comercial, lo que convirtió a la especie en un recurso económico, con explotación no planificada, pero intensa.
Dicha explotación como recurso económico significó a lo largo de los años una disminución considerable de ejemplares de palma chilena, originada en técnicas de corte para obtención de su savia para hacer miel de palma y recolección de sus semillas como cocos, lo cual implicaban la pérdida de ejemplares.
Se trata de una especie endémica de nuestro país, es decir, que sólo habitan en un lugar determinado y constituyen, por lo tanto, un aporte a la biodiversidad. En Chile, su hábitat natural se extiende desde Ovalle (Río Limarí) por el norte hasta las proximidades de Curicó (Río Mataquito) por el sur.
A la llegada de los españoles en el siglo XVI, la palma chilena era llamada por los habitantes precolombinos como Kan Kan o Lilla y estaba ampliamente difundida en toda la zona central, conformando grandes bosques en los que crecían miles de ellas entre Coquimbo y Colchagua.
Esta hermosa especie, que inspiró a cronistas, pintores y a viajeros como Charles Darwin por su especial belleza y abundancia, hoy sólo la podemos ver en escasos reductos, confinada en quebradas y valles de las regiones de Valparaíso y O’Higgins, principalmente en zonas como Ocoa y Cocalán.
Su hermosa figura está presente en los escudos de armas de las ciudades de Concón, en la Región de Valparaíso, y en Las Cabras, en la región del Libertador General Bernardo O´Higgins.
En forma cultivada, se la encuentra en diversas plazas, calles y parques entre Copiapó y el lago Llanquihue.
La palma chilena es una especie íntimamente asociada al bosque esclerófilo (formado por espino, quillay, maitén, tevo, colliguay, guayacán, algarrobo, peumo, boldo, litre, molle, patagua y belloto del norte entre otras) y que además se desarrolla en suelos de buen drenaje.
Las palmas no son árboles y sus troncos no son de madera. Son hierbas gigantescas, con troncos compuestos de fibras. Se trata de un tipo de pasto gigante, único en el mundo, muy sensible
a la depredación y que por su especial naturaleza se debe preservar.
Pueden alcanzar alturas superiores a 30 metros y sus diámetros fluctúan entre 0.8 y 2 metros, por lo que sobresalen nítidamente por sobre la vegetación natural existente en su medio. Pueden vivir más de 400 o 500 años y su crecimiento es muy lento, ya que demoran unos 75 años en llegar al estado adulto en el que pueden generar semillas.
Esta especie se encuentra en un estado vulnerable debido a su explotación y disminución de su área de cobertura.
Ya desde los inicios de la colonia en Chile, sus productos han sido utilizados en forma comercial, lo que convirtió a la especie en un recurso económico, con explotación no planificada, pero intensa.
Dicha explotación como recurso económico significó a lo largo de los años una disminución considerable de ejemplares de palma chilena, originada en técnicas de corte para obtención de su savia para hacer miel de palma y recolección de sus semillas como cocos, lo cual implicaban la pérdida de ejemplares.
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